14 de febrero de 2008

La nevera protesta y se deshiela,
la mañana avanza gris como perlas entre los electrodomésticos.

La casa es azul oscuro de madrugada,
en el horno se desperezan las entrañas
y el pan se cuece fuera
-abatido-
casi sin fuerzas para ser.

Pienso en una madre que pare mil hijos muertos
y miro al suelo;
sólo puedo mirar al suelo mientras el agua hierve.
Se me marchitan los dedos escaldados.

Anoche
tuve lo que cualquiera quiere para sí,
ya sea flores en un recipiente de cristal
o un hijo sano
o un pulmón derecho que no nace inerte.

Aunque hoy la mañana se enquiste como astillas de perlas grises
no protesto
no me arrepiento
no intento arrancarla;

sólo miro lejos,
fijo los ojos en suelo que se extiende a los pies de la madre que pare mil hijos muertos

y pienso.

1 comentario:

Dani dijo...

Me encantó
este poema epicureísta. Me encantan estos poemas de "me paro en cualquier momento, por muy no-especial-según-lo-establecido que sea, y pienso". Es un poder que tiene todo el mundo, y qué necesario es practicarlo de vez en cuando, y qué suerte tenemos de que hayas decidido compartir uno tuyo. Gracias.
Ayer se te echó de menos!