1 de febrero de 2008

Berlín


Unter den Linden
kann man immer glücklich sein.

Hoy se me van cayendo las endorfinas
al pasear por la plaza en la que de vez en cuando llueve socialismo.
He pasado por el esqueleto de un palacio de la república
y he saludado a nuestros padres,
Marx y Engels,
siempre tan Marx y tan Engels;
tan eternos.

El recuerdo de las paredes grises se va desvaneciendo poco a poco,
se va agrietando como queso rancio en el frigorífico
y los ruidos son cada vez menos ruidos
y el silencio es cada día más denso,
es miel y es lodo pegado en mis manos.

Las mesas siguen estando tan ocupadas,
tan llenas de carne y carne y carne humana.
Todos los bares siguen tan llenos de grises,
tan atiborrados de festines de autoestima
que se me pegan a la espalda y me van acompañando todo el camino;
la espalda tan llena de emociones.

Hoy soy la madre, la hija y el espíritu santo,
y se me van cayendo los ojos
al pasear por la plaza con el horizonte rojo
y el amanecer inexistente de un noviembre que parece enero
reflejado en el esqueleto abandonado del Palacio de la República.

2 comentarios:

Maga dijo...

Sabes que me encanta éste por las endorfinas y por la madre, la hija y el espíritu santo.

I like it so much and you know.

pepeltenso dijo...

Fantástico, como siempre Silvia. Cuidado que no se te caigan muchas endorfinas.
Por cierto, en el buko se ha creado un grupo de fotografías en Flickr, lo digo por si te interesa participar.
http://www.flickr.com/groups/elojodebuk/